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La reciente reforma constitucional en materia de pensiones ha desatado una tormenta política y social en México. Con el objetivo de erradicar las jubilaciones que superan por mucho el promedio de los ingresos de la población trabajadora, el gobierno ha implementado un tope que promete redistribuir de mejor manera el gasto público destinado al retiro.

De acuerdo con una publicación de El Financiero, más de 93 mil jubilados del sector público podrían ver cómo sus ingresos se reducen hasta en un 60 por ciento. Esta situación ha generado una disputa legal de grandes proporciones, ya que los afectados consideran que se están vulnerando acuerdos laborales pactados hace décadas.

El cambio fundamental reside en la reforma al artículo 127 constitucional, publicada el 10 de abril. Bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, se estableció que las jubilaciones no pueden ser mayores a la mitad de lo que percibe el titular del Ejecutivo Federal. Esto pone un “techo” cercano a los 70 mil pesos mensuales a cualquier pensión pagada con dinero de los contribuyentes.

Este recorte no es parejo para todos, sino que va directo contra las pensiones más altas del país. Los trabajadores retirados de organismos como la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Pemex y Banobras son quienes están en el centro del huracán, ya que sus esquemas de jubilación solían ser significativamente más elevados que los del resto de la burocracia.

Las implicaciones operativas de la reforma son profundas. Todas las entidades públicas están obligadas ahora a auditar sus nóminas de jubilados y ajustar las condiciones laborales a este nuevo parámetro. El ajuste no solo aplica para las nuevas jubilaciones, sino también para las que ya están activas, ampliando el espectro de personas afectadas.

Como era de esperarse, las protestas no tardaron en aparecer. La Alianza Nacional de Jubilados ha encabezado marchas exigiendo respeto a lo que consideran derechos adquiridos. Alegan que el ajuste es una medida arbitraria que afecta sus planes de vida, mientras que el gobierno insiste en que las “pensiones doradas” son un insulto en un país con tantas carencias.

Por su parte, la presidenta Sheinbaum ha mantenido su postura, aclarando que la reforma busca eliminar los lujos en el servicio público. Asegura que la medida es legal y necesaria para la salud financiera del país, y aunque reconoce el descontento, afirma que el límite de 70 mil pesos es una cifra digna para cualquier retiro financiado por el Estado.