Las 16 ciudades elegidas para albergar los encuentros de la Copa del Mundo de 2026 viven un periodo de intensa actividad y marcadas discrepancias económicas. A pocos meses de que ruede el balón, los comités organizadores locales buscan justificar las millonarias inversiones públicas realizadas en infraestructura y transporte argumentando que el turismo internacional rescatará la economía local. No obstante, los indicadores actuales muestran que el beneficio no será igual para todos.
De acuerdo con los reportes de Imagen Radio, la FIFA se llevará la parte más lucrativa del torneo con ingresos estimados en 8,900 millones de dólares durante la temporada mundialista. Mientras el ente rector blinda sus ganancias con contratos comerciales exclusivos, las sedes deben asumir la responsabilidad fiscal y de mantenimiento técnico, en un entorno donde la Asociación Estadounidense de Hoteleros ya encendió las alarmas debido a niveles de reservación inferiores a los pronosticados.
Entre los factores que han mermado el flujo inicial de reservaciones destacan las restricciones migratorias de los países anfitriones, un entorno macroeconómico internacional menos favorable para viajes largos y la liberación de habitaciones que previamente habían sido bloqueadas por agencias. A pesar de estas señales de cautela, urbes con un fuerte músculo turístico como Miami proyectan la llegada de un millón de visitantes y la creación de 9,000 empleos temporales.
El optimismo también impera en la región de Nueva York-Nueva Jersey, donde el comité organizador calcula un impacto económico local superior a los 3,300 millones de dólares gracias a los ocho juegos que albergará su estadio, destacando el partido de la gran final. Sin embargo, para los analistas independientes, estos beneficios indirectos relacionados con el marketing urbano e internacional suelen ser sumamente difíciles de medir a largo plazo.
Por el lado deportivo, las federaciones de fútbol también afrontan retos económicos severos debido a la inmensa dispersión geográfica del continente. Los bonos de 12.5 millones de dólares entregados por la FIFA a cada selección participante podrían diluirse rápidamente ante la falta de exenciones tributarias, obligando a los combinados nacionales a avanzar hasta las fases de eliminación directa para lograr ganancias netas.
