La adicción a las pantallas no es un problema que afecte únicamente a los menores; los especialistas advierten que los adultos están jugando un papel crucial en este fenómeno. Se ha observado que la calidad de las interacciones entre padres e hijos ha disminuido drásticamente debido a la omnipresencia del celular. Los niños crecen sintiéndose desatendidos, lo que los empuja a buscar en el mundo digital el consuelo y la validación que no encuentran en sus cuidadores primordiales.
Siguiendo la información de Milenio, las clínicas especializadas hablan de una “afectación silenciosa” donde el foco atencional de toda la familia se ha reducido. Los especialistas explican que cuando un adulto prioriza su dispositivo sobre la mirada de su hijo, el niño experimenta sentimientos de abandono similares a los de una negligencia física. Este padecimiento emocional es el caldo de cultivo ideal para que el menor desarrolle su propia dependencia digital como un mecanismo de defensa.
En las escuelas, los maestros ven reflejada esta situación en la conducta de sus alumnos. Los docentes señalan que los niños tienen menos empatía y dificultades para leer las expresiones faciales de sus compañeros. Esto se debe a que la empatía no es una habilidad innata, sino que se construye mediante el intercambio cotidiano y el contacto visual sostenido, actividades que están siendo reemplazadas por el intercambio de mensajes y contenidos digitales.
Los especialistas clínicos subrayan que el cerebro infantil necesita de la regulación emocional de los padres para aprender a gestionar sus propios sentimientos. Si cada vez que un niño llora se le entrega una pantalla para que se calme, nunca aprenderá a atravesar el malestar. Este padecimiento se traduce en una vulnerabilidad extrema ante la frustración, lo que los maestros notan de inmediato cuando el alumno debe enfrentar un error o un reto académico en el aula.
La normalización del uso del celular en todos los espacios, incluyendo el baño y la mesa, es una preocupación constante para los terapeutas. Los expertos en adicciones conductuales sugieren que las familias deben realizar evaluaciones honestas sobre sus hábitos digitales. El padecimiento no es solo la adicción del niño, sino una dinámica familiar disfuncional donde el dispositivo ha sustituido a la conversación y al afecto genuino.
Muchos maestros han reportado que los padres de familia se muestran defensivos cuando se les menciona el problema de atención de sus hijos. Sin embargo, los especialistas insisten en que la educación digital no debe ser una lucha contra los padres, sino una colaboración. Se busca crear conciencia de que el uso excesivo de pantallas está entrenando cerebros para la distracción constante, lo que tiene consecuencias a largo plazo en la salud mental y la capacidad productiva. El tratamiento propuesto por los centros especializados incluye el cambio de hábitos digitales de todo el sistema familiar. Los especialistas recomiendan periodos de desconexión total y el fomento de actividades que estimulen los sentidos de forma natural. Al reducir gradualmente el tiempo frente a la pantalla, se permite que el cerebro vuelva a regularse, logrando que los miembros de la familia vuelvan a mirarse a los ojos y a interactuar de manera significativa.
