Mantener la calma en medio de una tormenta diplomática parece ser la estrategia de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Tras los informes que indican que Estados Unidos revisará e incluso podría cerrar consulados mexicanos, la mandataria ha optado por un discurso de prudencia y respeto, aunque sin dejar de defender la integridad de su servicio exterior frente a los ataques de la derecha estadounidense.
Como se detalla en The New York Times en español, Sheinbaum afirmó que su gobierno aún no ha sido informado formalmente por el Departamento de Estado sobre este proceso de revisión. En su conferencia de prensa matutina, se centró en resaltar la importancia de la diáspora mexicana, recordando que los migrantes son una pieza clave en el engranaje económico de Estados Unidos y que los consulados son sus principales aliados.
Sin embargo, las discrepancias entre ambos mandatarios son reales y palpables. Un punto de fricción reciente fue la revelación de la participación de la CIA en operaciones dentro de territorio mexicano sin que Sheinbaum estuviera plenamente satisfecha con la transparencia del operativo. A esto se le suma la defensa que la presidenta ha hecho de un gobernador de su partido, alegando falta de pruebas por parte de EE. UU. en acusaciones de narcotráfico.
Estas diferencias han sido aprovechadas por sectores conservadores en Washington para cuestionar la lealtad de México como socio. Los críticos sostienen que los consulados mexicanos no solo documentan a su gente, sino que actúan como refugios políticos y centros de resistencia contra las leyes de Trump. Sheinbaum ha sido tajante: “No estamos de acuerdo en que los consulados realicen algún tipo de política en Estados Unidos en contra del gobierno”.
La mandataria mexicana confía en que, a pesar de las voces discordantes en ambos países, la relación institucional prevalecerá. Sostiene que desde que Trump asumió el poder, México ha buscado la cooperación en temas de seguridad y migración, aunque siempre bajo el principio de respeto a la soberanía. La revisión consular se percibe así como una prueba de fuego para la paciencia diplomática de su administración. El Departamento de Estado ha evitado dar detalles específicos sobre qué criterios se usarán para la evaluación. Lo que sí es claro es que la sombra de los cierres de consulados pesa sobre la mesa de negociaciones. Mientras Sheinbaum insiste en la cordialidad, los hechos sugieren que la administración Trump está dispuesta a presionar a su vecino del sur utilizando la infraestructura diplomática como moneda de cambio
